La Visualización Mandálica de la Teoría Unificadora de la Personalidad
El dharma, o propósito en la vida, tiene dos manifestaciones: el personal (inmanente), que se logra mediante el ejercicio de las primeras cinco funciones ejecutivas del carácter (confianza, autonomía, iniciativa, industriosidad, e identidad) para lograr una nueva identidad personal; y el trascendente, que es el que pone tu vida al servicio de la humanidad, para que ésta se despoje de sus lastres. Si uno está interesado en arreglar su propia persona, y lo logra, ya ha logrado su dharma personal o su dharma inmanente. Si quiere seguir adelante hacia el ideal de la Individuación (la iluminación completa), entonces tiene que seguir atendiendo las próximas capacidades de carácter o funciones ejecutivas, a saber, compromiso, generatividad, y trascendencia. Esas funciones conducen al dharma trascendente. Son dos etapas de un solo camino.
Como se mencionó antes, desde cierta perspectiva el dharma personal es la puerta del peregrino, que si uno no llega a la cima se puede salir antes. Como se hace en el peregrinaje de Santiago, uno puede salirse antes: “Ya estoy bien, hasta aquí llegué.”
La iluminación a la que se llega por la Individuación es la máxima maduración posible. Al decir que es lo máximo posible, se reconoce que probablemente uno nunca va a llegar. Es un acercamiento asintótico, es decir, el de una curva que se acerca cada vez más a otra curva o a una recta, pero sin llegar nunca a tocarla.
Ya en la etapa de Inducción hicimos un primer acercamiento a la Mandala de la Personalidad. En la etapa de Individuación la estudiaremos más profundamente, de forma que podamos utilizarla como una vivencia a la cual tengamos acceso, tanto para mantenernos balanceados en circunstancias normales como para enfrentarnos con éxito a las situaciones que podrían provocar crisis. Este método de utilización de la mandala es la forma más eficiente de acercarnos a la Individuación, porque produce los mejores resultados con el menor expendio de energía vital.
Observa la mandala. Estudia la ubicación de cada uno de sus componentes. Notarás una franja circular, marcada con el nombre de “ruta panorámica”, que divide en dos cada uno de los sectores del círculo exterior. Esa ruta te ayuda a llevar a cabo un viaje imaginario de los ocho componentes de tu temperamento, los ocho componentes de tus talentos, y los ocho componentes de tu carácter, que suman los 24 componentes de tu personalidad. Al dar un “tour” de la mandala a lo largo de la ruta panorámica puedes ir observando cada uno de esos componentes, y para cada uno de ellos teniendo en cuenta tanto su función extravertida (representada por la parte exterior del sector) como la función intravertida (representada por la parte interior). La ruta panorámica, en medio de una y otra, es el trillo ecuánime desde el cual observamos lo que está pasando, tanto adentro como afuera, y discernimos qué cosas tenemos que hacer para que lo de adentro y/o lo de afuera se mejore. Esto se hace todos los días, aunque no nos demos cuenta de que está ocurriendo.
Cada uno de los componentes de la personalidad de cada cual origina en su genoma, que es innato. Pero esos componentes tenemos que desarrollarlos. Esa es la meta de la Individuación.
La ruta panorámica es el trillo ecuánime, pavimentado con litio quelatado y con parapetos de reprogramación neurolingüística (como la Muralla China), desde donde la consciencia introspectiva de cada cual puede circunvalar su personalidad interior, y desde donde mirando hacia afuera, la consciencia de la vigilia puede monitorear las circunstancias existenciales que nos rodean.
Hay ocho temperamentos, ocho talentos, y ocho capacidades del carácter. Por lo tanto hay 24 secciones en la mandala. Cada una de éstas se divide a su vez en tres, a saber, la función intravertida, la función extravertida al otro extremo, y en el medio de las dos, la ruta panorámica. Si multiplicamos, 3 x 24 = 72.
Lo interior es lo introspectivo, lo que uno tiene in pectore, y nadie sabe lo que uno está pensando. En ese interior es donde uno procesa todas las situaciones, los conflictos, las ideas, el aprendizaje. Cuando uno está en una posición ecuánime, que no está ni adentro ni afuera, sino en un sitio intermedio, uno puede ver lo que está pasando adentro, y cómo lo que está pasando afuera está relacionado o no con lo que está pasando adentro.
Y esto es algo práctico, que si uno está bien lo hace todos los días, aunque no se dé cuenta. No es algo ideal, no es para después, es para ya. Si uno no lo hace diariamente es porque está descuadrado.
Debemos también tener en cuenta que en cuanto a los temperamentos, el desarrollo que deseamos consiste en transformarlos de manera que se pueda utilizar su energía en alianza con los talentos y el carácter, para adelantar agendas positivas. Por ejemplo, si estamos procrastinando en atender un problema, la irritación que nos causa nuestro propio comportamiento puede suplir la energía para que utilicemos nuestra iniciativa e industriosidad para dejar al lado la procrastinación y resolver el problema.
Y si alguien preguntara, por ejemplo, cómo se produce el talento manual o atlético en el interior, la contestación sería que cuando hacemos el ejercicio de visualización uno va a tener que usar todos tus talentos, incluyendo el manual, para bregar con el zoológico. El zoológico es la personificación de las fuerzas irracionales del temperamento. Si el zoológico es donde están los animales, uno va a tener que construir una jaula, una barrera o un palo para alejar a uno de los animales que esté alterado. O sea, la visualización de las acciones se manifiestan en esos componentes. Lo que uno hace interiormente es la prefiguración de la consciencia exterior. Es el ensayo. Primero uno practica el papel en el interior y luego lo practica afuera. Si uno se lanza a desempeñar un papel sin ensayo, ya sabe cómo va a estar. Claro, el ensayo es continuo. Internamente, desde que uno nace, uno está continuamente ensayando. Todo esto es una ordenación descriptiva de lo que verdaderamente ocurre. La frase “ordenación descriptiva “es otra forma de decir “una teoría”.
Aquí hacemos la circunvalación sobre el trillo de la ruta panorámica, que es otra forma de referirnos al estado mental, espiritual, holístico de ecuanimidad. Y desde ese trillo vamos viendo lo que está pasando adentro, lo que está pasando afuera, y qué cosas tenemos que hacer para que lo de adentro y/o lo de afuera se mejore. Esto se hace todos los días aunque no nos demos cuenta de que está ocurriendo.
¿Qué es lo que uno mira? Uno mira los 24 componentes de afuera, los 24 componentes de adentro y cuando está en el del medio, esos 24 del medio también. Esos pedacitos ecuánimes son componentes de la personalidad y uno puede volver a ellos cuantas veces quiera. Puede volver al punto intermedio entre el interior y el exterior cuantas veces quiera. Este proceso se denomina la teoría triádica de la personalidad.
Otra parte triádica es la zona de circunvalación. Esta circunvalación ocurre entre los talentos, el carácter y los temperamentos. En el diseño de la mandala, el tercio del círculo a la derecha, marcado con la letra A, contiene las ocho funciones ejecutivas del carácter, que operan como una junta de directores. Esos ocho componentes son innatos, pero hay que desarrollarlos, y son la sede permanente de la función ejecutiva.
La sección U, a la izquierda es el panel de musas y ángeles, nuestros ocho talentos, que son fuentes de inspiración y canales para la energía temperamental. También se conoce como la consciencia onírica.
La parte M, que es la de abajo, es el zoológico. Son las ocho personificaciones de las fuerzas irracionales del temperamento. La consciencia psiconeuroinmunológica se refiere a las cascadas que producen las reacciones psicosomáticas.
Podemos imaginar que estamos haciendo una visita guiada a la mandala de nuestra personalidad, con este Manual sirviéndonos de guía. O sea, que el ejercicio de visualización mandálica se hace primero como una visita guiada, pero con la práctica cada uno se capacita para hacer el recorrido por su cuenta.
¿Qué vamos a visitar? Visitaremos nuestro merkaba. Merkaba es una palabra egipcia que se refiere a que cada persona tiene su propio vehículo espiritual. Y claro, el viaje es la Individuación. Uno nace con esto ya establecido en la genética.
El merkabita de un bebé es pequeñito. Y está dominado casi totalmente por el zoológico de sus temperamentos. Claro, los animalitos también son chiquitos. Se da el caso en que el bebé crece y se queda zoológico. Y todos sabemos el impacto de eso sobre la humanidad.
Pero volvamos al bebé pequeñito. Éste va madurando al ingerir litio, 300 a 500 microgramos de litio en la comida regular, sin suplementos. Y cuando nos damos cuenta de que nos falta más entonces tomamos un suplemento, tomamos un suplemento para emparejar la cosa. Con la experiencia, una buena crianza y una buena educación, uno va desarrollando los parapetos de reprogramación neurolingüística para hacer las circunvalaciones semanales necesarias que son lo que define el proceso de evolución de la consciencia. Esto ocurre aunque uno no lo sepa. Ese proceso siempre es imperfecto. Por lo tanto, llega el momento en que necesitamos ayuda. No lo estamos haciendo bien, y la prueba es que estamos descuadrados. Una alternativa es acudir a las tertulias de la Comunidad Terapéutica Ambulatoria de Ocean Park. Pero sea como sea, hay que aprender a hacerlo bien.
Procede entonces visitar frecuentemente los 72 componentes de nuestra personalidad (que se mencionaron antes) que son las sedes permanentes de nuestros deseos. Si uno está tomando litio quelatado y está haciendo los ejercicios de reprogramación neurolingüística, uno establece firmemente, sin interrupción, la ruta panorámica. Y eso es lo que en forma práctica nos lleva a lograr la identidad. Así vamos desarrollando un buen trillo. Recordemos que “trillo” precisamente significa un senda marcada por el tránsito. O sea, que en cualquier momento uno puede usar el trillo para visitar todos los aspectos de su personalidad con ecuanimidad, defendiendo la integridad de la personalidad con técnicas neurolingüísticas que uno ha adoptado. Esas técnicas de reprogramación están brillantemente resumidas por Deepak Chopra en su libro, Las Siete Leyes Espirituales del Éxito, que se mencionó al principio Nosotros usamos esas guías para desarrollar esos parapetos. Si uno tiene esa combinación de la práctica de las Siete Leyes Espirituales del Éxito y toma una cantidad adecuada de litio quelatado, uno tiene una nueva identidad. Esa nueva identidad es el dharma personal. Montado sobre ese dharma personal, uno puede seguir moviéndose hacia una Individuación completa.
Al hacer el tour de la mandala, es importante tratar de identificar, antes de comenzar el tour, dónde es que uno está atascado. Por ejemplo, si uno está detenido en la melancolía, debe hacer el tour desde la melancolía. Si insiste en hacerlo desde la generatividad, está perdiendo el tiempo. Si uno está en la melancolía, debe mirar a ver si lo que está a la izquierda o derecha, le pueda ayudar a ir aclarando la situación. Por ejemplo, melancolía, si uno mira hacia la derecha va a encontrar la sensibilidad, con las emociones. Y las emociones y la melancolía se llevan muy bien. Ahí hay unos “panitas”. Al otro lado está la irritabilidad. A la irritabilidad se le puede buscar algo bueno, como: “¿Qué te pasa a ti, por qué sigues en esta bobería?” Hay algo irritable que puede suplir la energía para empezar a manejar la cosa. Eso es lo que uno hace en una visualización. También uno puede ir al otro lado, a lo artístico. Por ejemplo, escuchamos la bohemia. Y mientras lo hacemos encontramos personas afines con quienes podemos salir del hoyo. Claro, hay que tener cuidado de no enredarnos.
Lo más común es hacer el tour comenzando desde la identidad, una de las ocho funciones ejecutivas que forman el carácter. Empiezo desde “Yo soy yo y mi circunstancia”, y si no estoy descuadrado, puedo hacer el tour con la identidad que tengo ahora. ¿Qué hace uno con la identidad que tiene ahora? Pues la reafirma, y explora a ver si puede desarrollarla más allá de la identidad personal, hacia el dharma trascendente.
Demos entonces el tour completo de la mandala. Si visualizamos el trillo en la parte del temperamento, vamos a pasar observando, de derecha a izquierda:
el aspecto fóbico, que es la timidez,
el aspecto erótico que es la sexualidad,
el aspecto histriónico, que es la sensibilidad,
el aspecto depresivo, que es la melancolía,
el aspecto iracundo, que es la irritabilidad,
el aspecto impaciente, que es la impulsividad,
el aspecto psicopático, que es la callosidad,
el aspecto controlador, que es la agresividad.
Ese es el zoológico, porque son los aspectos animales, irracionales, de nuestra personalidad. Y si uno está caminando por el trillo, tiene que tener cuidado de no caer ni para un lado ni para el otro. El trillo es un sitio protegido por el litio y por las técnicas de reprogramación neurolingüística que permiten a cada uno observar tanto su zoológico interno como el zoológico que se manifiesta externamente, sin perder el balance.
Los temperamentos están en el interior de la personalidad y los vemos operando en los sueños, porque los sueños son una percepción directa de lo que está pasando dentro de uno. Y ahí uno ve los ángeles, las musas, el zoológico, etc. Se manifiestan con orden o sin orden. Si la personalidad de uno está desorganizada, es una olla de grillos. Eso es lo que ocurre cuando uno tiene pesadillas, que hay un desorden. Siempre hay cierto grado de desorden. El tener pesadillas no debe sorprender a nadie. Si uno no visita con frecuencia su comunidad terapéutica interior no tendrá en orden sus temperamentos, y por tanto tendrá pesadillas.
Y el que uno no recuerde haber tenido una pesadilla no siempre significa que no la ha tenido. Uno puede reprimir la memoria de la pesadilla olvidando su texto, pero a pesar de eso despierta con el trauma físico. Despierta con el cortisol trepado, con la presión alta, con dolor de espalda, taquicardia, mala digestión. O sea, uno despierta con todo el desastre psiconeuroinmunológico, que ocurre para que uno se dé cuenta que es mejor recordar que reprimir. Si uno lo recuerda tienes opciones, y puede evitar que ese desastre se traduzca en una acumulación de enfermedades crónicas. Son tres los idiomas: las palabras, las imágenes, y los síntomas. Si uno entiende los símbolos, ya ahí comienza el proceso sanador. Y uno entiende los símbolos con la ayuda de sus ángeles y sus musas, que son los talentos. Estos ayudan a uno a entender lo que está pasando.
Volvamos al tour, comenzando esta vez en la identidad.:
Estoy en mi identidad. ¿Cómo llegué aquí? ¿Con mi industriosidad? ¿Cómo estoy haciendo mi plan diario, lo estoy llevando a cabo, tengo que mejorarlo?
Iniciativa, ¿estoy usando mi iniciativa para propósitos míos?
Autonomía, ¿estoy en control de mis temperamentos, me estoy tomando el litio quelatado? ¿estoy haciendo la meditación, tengo que arreglarlo?
Confianza, ¿estoy realmente estudiando mis recursos, mis fallas, mis posibilidades, y mis adelantos, estoy siendo un buen investigador de mí mismo?
Tímido, ¿cómo están mis miedos, cómo están mis fobias, estoy superándolas?
Sexual, ¿cómo está mi sexualidad, la estoy canalizando adecuadamente, la estoy atendiendo adecuadamente, esté solo o no?
Sensible, ¿cómo están mis emociones, estoy manejando mis emociones adecuadamente?
Melancólico, ¿cómo está mi bohemia, cómo está mi tendencia depresiva, la estoy manejando adecuadamente?
Irritable, ¿cómo está mi coraje, está bajo control?
Impulsivo, ¿estoy pensando antes de actuar?
Calloso, ¿estoy pendiente de las consecuencias de mis actos, estoy considerando al prójimo?
Agresividad, ¿estoy tratando de controlar las cosas, estoy tratando de imponerme?
Y ahora, revisemos nuestros talentos:
Verbal, ¿estoy usando mi talento verbal expresivo adecuadamente?
Social, ¿estoy interactuando con los demás en forma adecuada?
Sensorial, ¿estoy atento a mis sentidos sensoriales?
Manual, ¿estoy usando mis manos para hacer cosas útiles?
Intuitivo, ¿estoy explorando mi intuición, en mis sueños, en meditación, en los momentos de epifanía?
Intelectual, ¿estoy utilizando mi intelecto adecuadamente, estoy razonando adecuadamente?
Atlético, ¿estoy haciendo ejercicio, estoy caminando?
Artístico, ¿estoy explorando y desarrollando mis talentos artísticos?
Y de nuevo, volvamos a las funciones ejecutivas superiores del carácter:
Trascendencia, ¿cómo está mi función ejecutiva trascendente, estoy superando los obstáculos y los contratiempos que ocurren en mi vida?
Generatividad, ¿estoy pensando en el prójimo, tengo consciencia ecológica?
Compromiso, ¿tengo una buena relación de compromiso con otra persona?
Lo que se ha hecho aquí es reafirmar la identidad personal, viendo cómo uno está en cada uno de los componentes. Claro, uno puede hacer esto bien cuando está en proceso meditativo, tomando litio, y en el trillo.
¿Y si uno se encuentra estancado en uno o más de sus 8 temperamentos, por ejemplo, en melancolía? Lo primero que hay que considerar es que uno no está tomando suficiente litio quelatado, y hay que aumentar la dosis y/o la frecuencia. Además, hay que asegurarse que uno esté aplicando las protecciones de reprogramación neurolingüística que necesita. Por ejemplo, uno no se puede aferrar a un pensamiento auto-destructivo, tiene que romper eso con la voluntad, decidir no seguir haciéndolo, y reforzar esa decisión con el litio quelatado. O sea, que el parapeto es la reprogramación, y el litio es la capacidad. Para cualquiera de los componentes se puede desarrollar una capacidad. Reprogramación significa dejar de pensar ciertas cosas y pensar otras nuevas. Hay que identificar aquello de lo que uno tiene que deshacerse en su vida, y dejar espacio para cosas nuevas. Y si uno está pegado en la melancolía, tiene que dejar de pensar melancólicamente, y comenzar a pensar optimistamente.
Además, estamos en una Comunidad Terapéutica para recibir la ayuda que a veces necesitamos.
La idea es hacer la visita frecuente a este anfiteatro de la mandala. La función ejecutiva de identidad personal, el yo y mi circunstancia, es quien toma la iniciativa de visitar y de hacer una ronda de supervisión. Si uno tiene las 20 barreras revolcadas no puede hacer la ronda. Primero uno tiene que normalizar la curva. Y entonces puede comenzar a bregar ecuánimemente, con sus defensas bien desarrolladas, y a visitar y dar presencia a los componentes de su personalidad. Los componentes de la personalidad son tan buenos que lo que hay que hacer es darse cuenta de que están ahí, darles un poquito de atención, y ellos se arreglan.
Para propósitos de la visualización uno debe asumir que cuenta con todos los componentes de la personalidad, y que los tiene bajo ataque contínuo. Se asume lo peor, y si resulta que no, pues entonces qué bueno, no estoy tan mal. Si uno asume que está bien y no lo está, eventualmente recibe el cantazo.
¿Cuándo se hace esa visita? Todas las veces que haga falta. Es algo análogo a la cantidad y frecuencia de la ingesta de litio. Uno lo consume en la cantidad y con la frecuencia que lo necesita. Se puede incluso hacer la visualización varias veces al día.
El pensar que uno no tiene que hacer este tour es síntoma de que uno está en negación, porque estamos viviendo en una circunstancia caótica. Aunque uno esté bien, yo soy yo y mi circunstancia, y la circunstancia nos afecta a todos, porque nuestro sistema está programado para reaccionar (especialmente con el zoológico que tenemos dentro) a todo lo que nos rodea, pues estamos continuamente bajo ataque. No es paranoia, es realidad.
También hay que entender que un temperamento puede ser directamente afectado por otro temperamento fuera de control. Veamos un ejemplo. Si uno se sienta en su palco de identidad mirando para adentro, a su izquierda está el panel del zoológico. Si uno se fija en ese zoológico, hay cuatro madres y cuatro padres míticos. Los padres son la agresividad, la callosidad, la impulsividad, y la irritabilidad, que son los temperamentos machistas. Las madres son la melancolía, la sensibilidad, la sexualidad, y la timidez (fobia). Esos son los temperamentos feministas. Eso le puede pasar igual a varones y a hembras. No tiene que ver con que uno sea hombre o mujer. Cualquier personalidad tiene eso.
Los ocho temperamentos forman cuatro parejas de opuestos:
La agresividad es lo opuesto de la timidez.
La callosidad es lo opuesto sensibilidad.
La impulsividad es lo opuesto de la sexualidad.
La irritabilidad es lo opuesto de la melancolía.
Interiormente hay ciertos balances, ciertas “fuerzas políticas” internas que se compensan. Lo que Jung llamaba “the compensatory function of direct psychic experience”.
Todo temperamento es irracional, automático, genéticamente programado. Ninguno de los temperamentos piensa, sino que actúan sin pensar. Si uno hace una búsqueda cruzando el círculo, y recluta lo intelectual y lo intuitivo, para que ayuden a uno a pensar, entonces se puede hacer un balance. La búsqueda más común de los temperamentos es mediante la intuición. Porque la intuición permite a cada uno percibir y sentir la expresión temperamental antes de que ésta se manifieste de forma desastrosa. Por eso cuando uno hace la mudra, la propiocepción es la percepción intuitiva de los temperamentos, que le dice a cada uno a qué está reaccionando. Ahí está el uso específico de la intuición con el temperamento. Si uno puede conectar la intuición con el temperamento puede enterarse de los que está pasando antes de cometer una imprudencia.
Cuando uno empieza el tour de identidad, comienza donde está en ese momento. No se fijen en lo que está atrás, en el caos, porque eso se deja fuera. Para hacer el tour hay que hacer la reprogramación neurolingüística (desapego responsable) que nos separa de las circunstancias caóticas de afuera para que podamos estar en lo de adentro. Una dosis de litio quelatado facilita el desapego.
De nuevo, las guías para conocer cuáles son las defensas de reprogramación lingüística están resumidas por Chopra en Las Siete Leyes Espirituales del Éxito. Si uno las tiene al dedillo, entonces uno puede protegerse de lo de afuera. Son parapetos de la muralla china que le permiten a uno separar el caos del ser. Y después que uno se protege con ese parapeto, entra a donde tengan que entrar. Si uno trata de entrar en estos tubos sin meditación ni reflexión, con todo el caos chorreándoles por encima y por debajo, está perdiendo el tiempo.
Al entrar al tour uno se pregunta:
¿Cómo está mi identidad en este momento? ¿Cómo están mis 172 fenotipos?
Obviamente mi identidad está protegida por el litio quelatado y por la práctica diaria de Las Siete Leyes Espirituales del Éxito. Uno se pregunta cómo esta en su propio universo interior. Al hacerlo uno se refiere a cada una de los 72 lugares de la mandala. Lo más probable es que al hacer el tour uno vea las brechas por donde ocurren las filtraciones. El caos de afuera puede filtrar hacia el interior. Y el que tiene un caos interior puede a su vez dejarlo filtrar hacia fuera y contaminar su medio ambiente. Si uno tiene un caos interior y no lo atiende, va a contaminar al prójimo. Eso es lo que uno hace cuando le arrojo mi problema a otra persona. Esa otra persona se queda con la carga. Por eso, desde el trillo uno tiene que mirar para ambos lados. ¿Qué estoy haciendo yo con mi interioridad que estoy afectando negativamente a mi prójimo, a mi pareja, a mi familia, a mi vecindario, a mi barrio, al país, al planeta? Entonces, cuando uno hace la reprogramación neurolingüística de hacerse responsable de aquello que esté a su alcance, entonces se da cuenta de que no tiene excusa para contaminar su ambiente más de lo que ya está.
Y ese es el tipo de convicción que uno logra cuando hace estos ejercicios. Uno deja de tener excusas por las ofensas que comete contra otros. No hay excusas. No puedo pedir a alguien que me perdone por tirarle encima algo que no le toca. Todo esto sale del proceso de visualizar la mandala de la personalidad, y de mantenernos en la ruta panorámica, que es el trillo donde tenemos que estar. Si estamos en esa ruta, hemos logrado nuestra identidad personal. Estamos atendiendo y protegiendo lo interior, a la vez que protegemos lo exterior. Estamos en el mismo medio de poder asumir una responsabilidad existencial. Yo soy responsable por mi existencia.
Si uno hace el ejercicio de visualización mandálica al menos una vez en semana, está haciendo “la circunvalación de la personalidad” de la que hablaba Jung. Si uno hace este tour semanal, podrá multiplicar la capacidad terapéutica que tiene la experiencia de la tertulia semanal. Terapéutico significa que atiende, que arregla, que reconstruye, que repara. En conclusión, tikkun. [Tikkun olam es una frase en hebreo que significa “reparando el mundo” o “perfeccionando el mundo”.]
Este ejercicio tiene el propósito de ayudar en el proceso de introspección cuando te das cuenta de algo que anda mal, buscas ayuda dentro de los otros recursos de tu personalidad.
También se puede empezar por la confianza. ¿Quién es el personaje de confianza? El investigador, el que hace research, y hace la evaluación de las fallas y las virtudes de uno. Uno se pregunta: ¿Estoy bien con esa persona en mi comunidad interior?
Autonomía: ¿Cómo está mi relación con el controlador, con el que controla las cosas.
Iniciativa: ¿Cómo está el empresario en mí?
Industriosidad: ¿Conozco al técnico en mí?
Identidad: ¿Cómo está mi relación con el comprometido de mi personalidad?
Compromiso: ¿Cómo está el altruista en mí?
Trascendencia: ¿Cómo está el místico en mí?
Si uno hace ese tour, va a ver cuál es el que le está fallando. Usualmente el que falla es el investigador porque no tiene a la mano cuáles son las fallas de uno, y cuáles sus virtudes. La idea es que uno puede usar la visualización del tour con los aspectos personificados del carácter. El problema con esta junta de directores es que no se puede botar a ninguno de ellos. Uno tiene que bregar con todos ellos. De hecho, cuando uno bota a alguno, está negando. Está fingiendo estar bien. La identidad es uno mismo, el yo, y ahí están los 172 criterios que se mencionarán en la próxima sección.
El carnet de identidad para el tour de la mandala
En las próximas páginas aparecen cuatro documentos, en forma de cuestionarios o planillas: (a) Indicadores conductuales del trastorno por déficit de atención (las 20 barreras al éxito); (b) Inventario de disfunciones psicosomáticas, y (c) Inventario de disfunciones psicosociales, con un glosario de dichas disfunciones, (d) Inventario de las características índigo. Los que han pasado por la etapa de Inducción saben como llenar dichas planillas. La combinación de las cuatro nos da los 172 criterios que configuran el carnet de identidad de cada Individuante. O sea, que llenando los mismos cada cual puede saber quién es en ese momento. Lo maravilloso de este carnet es que sirve para diagnosticar la situación de cada uno en un momento particular en el tiempo, pero lejos de condenarlo a seguir en ese estado, ayuda a uno a ascender a una etapa superior en el camino hacia la Individuación. Lo sepamos o no, existe una interacción holística entre todos los sistemas del cuerpo y del mundo. Debemos tomar consciencia de que nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás mediante palabras, imágenes y síntomas.
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